domingo, julio 30, 2006

Comunicación de alto tráfico

Estimado Señor Lavín:

Desde que tengo uso de la razón, me he desdibujado en tendencias y partidismos. El hecho de haber recibido el desarrollo más portentoso, cuando en éste país los militares estaban en el poder, no da cabida para hacer un desconocimiento de aquel beneficio. Sin embargo, nuestra sociedad ya no da más con todos los torbellinos que se le están propinando, sobre todo el desamparo y la precariedad.

Estamos todos claros en que deben existir cúpulas de comando. Personas, grupos y colectividades que se dediquen a conducir al Estado, cuando su posición está dentro del Gobierno. Obtener los beneficios y proyectar sus castas, también lo considero una acción plausible, dado que en todos existe la necesidad de proseguir haciendo el bien, más allá de nuestra limitada existencia. No obstante, cuando me desplazo por sectores poblacionales, con una alta concentración demográfica, observando sus entornos; detecto las envolturas que los contienen y los hacen interpretar el presente y futuro, no cabiendo duda en que los discursos pasados, reflotados en el presente, ya no tienen peso alguno –he ahí el fracaso político campal del señor Piñera-.

Mi situación es de división, ya que por una parte me debo a mi origen, pero también tengo un “benchmark”, social, demasiado elevado, según mis cercanos. Considero que el ser humano, en todos los puntos sociales, aflora de su media y se esfuerza por conseguir el tan anhelado desarrollo, pero hoy en día la cuesta está más que pronunciada y las brechas se convirtieron en quebradas. Por ello es que cuando se va a buscar en lo profundo, en donde la cuota de mercado es más amplia, la realidad ha hecho su papel en las castas que yo frecuento.

Mi formación concibe en que el circulante y los beneficios que éste otorga son únicos en una sociedad. También que los mecanismos para comprender los entornos y el desplazamiento social son múltiples y complejos. De estos dos factores, solamente extraigo que necesitamos de una casta inteligente instalada en el Gobierno y nutriendo al Estado de los nuevos modelos que se están configurando, en una sociedad la cual sube y baja en un tobogán de precariedad y complicada identidad.

Ni siquiera la motivación, por excelencia, hará que nuestra sociedad se amalgame de una forma. La hibridez está instalada y solamente necesitamos de un nuevo ente que nos haga ser uno solo, manteniéndonos en nuestras posiciones, sabiendo que el desarrollo se sucederá y no se detendrá mientras esté en funciones.

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